26-06-2006 11:54:37 - Ocurrencias - Leido 185 veces
Hace un par de semanas acompañe al panteón a XK’s Wife, fuimos a visitar la tumba de su papá y su abuela, que ella considera su segunda madre (a la abuela, al papá solo lo recuerda como su papá, y ya). Yo la verdad, las veces que he visitado algún panteón lo he hecho para ir a dejar a alguien ahí, nunca después, ¿para que?, todos los que hemos dejado ahí siguen, muertos, y por lo visto no va a mejorar su estado. Fuimos un día antes del “día del padre”. Le comenté que me parecía una mamada las visitas a los panteones en las fechas marcadas por la mercadotecnia, i.e., día del padre, día de la madre, día de muertos.
Por supuesto que ante tal aseveración se sintió ofendida, pero no me retracté de lo dicho. La ocasión anterior que me había pedido que la acompañara fue el 2 de Noviembre. Claro que en esa ocasión me negué rotundamente, le dije que el panteón iba a estar hasta la madre, como todos los demás de la ciudad. Y le dije que mejor fuéramos otro día, y no con gusto, pero si con mas disposición y la acompañaba. De esto surgió una pequeña discusión acerca de las costumbres para con los muertos, las misas, rosarios, triduos, y demás etcéteras que seguramente guarda cada religión.
Me preguntaba que en mi caso, que quería que hicieran cuando yo muriera. La neta, ese día que me incineren, y tan-tan. Se acabó el luto y así sale mas barato.
Le voy a dejar una lana para que organice una pachanga con un chingo de cerveza, wiskey y tequila, comida, música y todo el pedo. Que se busque otro cabrón si se siente sola y que se vaya de viaje o cualquier cosa. Y ya. Sin tanto pedo.
Me preguntaba que haría yo si ella se muere, le dije que lo mismo, que la quiero un chingo, pero que no me iba quedar a llorarla para siempre, la vida sigue. Me pidió que, si me buscaba otra, únicamente no quisiera yo que nuestros hijos vieran a la otra como a su mamá.
Lo único que no le dije es que yo soy Duncan McLeod, que nací en Escocia en 1548 y no puedo morir a menos que me corten la cabeza en un duelo con espadas en algún paraje alejado.
Pinches pláticas tan locas.
Por supuesto que ante tal aseveración se sintió ofendida, pero no me retracté de lo dicho. La ocasión anterior que me había pedido que la acompañara fue el 2 de Noviembre. Claro que en esa ocasión me negué rotundamente, le dije que el panteón iba a estar hasta la madre, como todos los demás de la ciudad. Y le dije que mejor fuéramos otro día, y no con gusto, pero si con mas disposición y la acompañaba. De esto surgió una pequeña discusión acerca de las costumbres para con los muertos, las misas, rosarios, triduos, y demás etcéteras que seguramente guarda cada religión.
Me preguntaba que en mi caso, que quería que hicieran cuando yo muriera. La neta, ese día que me incineren, y tan-tan. Se acabó el luto y así sale mas barato.
Le voy a dejar una lana para que organice una pachanga con un chingo de cerveza, wiskey y tequila, comida, música y todo el pedo. Que se busque otro cabrón si se siente sola y que se vaya de viaje o cualquier cosa. Y ya. Sin tanto pedo.
Me preguntaba que haría yo si ella se muere, le dije que lo mismo, que la quiero un chingo, pero que no me iba quedar a llorarla para siempre, la vida sigue. Me pidió que, si me buscaba otra, únicamente no quisiera yo que nuestros hijos vieran a la otra como a su mamá.
Lo único que no le dije es que yo soy Duncan McLeod, que nací en Escocia en 1548 y no puedo morir a menos que me corten la cabeza en un duelo con espadas en algún paraje alejado.
Pinches pláticas tan locas.