06-04-2006 11:06:08 - Ocurrencias - Leido 195 veces
Estaba sentado en la sala de mi casa leyendo "Crimen y Castigo", estaba completamente absorto en el libro, de reojo vi bajar las escaleras a mi esposa cargando a mi hija, ambas sonriendo, y la puerta del frente de mi casa estaba abierta, dejaba entrar la luz del sol a plenitud. Ella me dijo algo inteligible. Levante la vista y le dirigí una sonrisa, ella me contestó con otra.
En un momento, alguien desde detrás de mi, se dirigió hacia mi esposa, ese alguien iba vestido de pies a cabeza completamente de negro, o eso era lo que yo creía, porque no logré ver su rostro ni tampoco un solo ápice de su piel. La expresión de mi esposa cambio de súbito a una de completo terror y desesperación. No vi a mi hija. Mi esposa forcejeaba por tratar de zafarse de su captor. Yo trataba de moverme pero estaba completamente paralizado. Una fuerza desconocida e invisible me tenia atado al sillón. En mi mente mi voz gritaba "Suéltala!! Suéltala!!" pero de mi boca no salía ni un solo sonido.
Estaba completamente desesperado.
Sentia lagrimas correr por mis mejillas pero no podia moverme.
De pronto y de a poco, comencé a escuchar mi voz. Eran sonidos extraños, palabras inexistentes. Oscuridad total.
Mi esposa me despertó. Yo estaba llorando.
Jamás habia sentido tanto miedo.
En un momento, alguien desde detrás de mi, se dirigió hacia mi esposa, ese alguien iba vestido de pies a cabeza completamente de negro, o eso era lo que yo creía, porque no logré ver su rostro ni tampoco un solo ápice de su piel. La expresión de mi esposa cambio de súbito a una de completo terror y desesperación. No vi a mi hija. Mi esposa forcejeaba por tratar de zafarse de su captor. Yo trataba de moverme pero estaba completamente paralizado. Una fuerza desconocida e invisible me tenia atado al sillón. En mi mente mi voz gritaba "Suéltala!! Suéltala!!" pero de mi boca no salía ni un solo sonido.
Estaba completamente desesperado.
Sentia lagrimas correr por mis mejillas pero no podia moverme.
De pronto y de a poco, comencé a escuchar mi voz. Eran sonidos extraños, palabras inexistentes. Oscuridad total.
Mi esposa me despertó. Yo estaba llorando.
Jamás habia sentido tanto miedo.